AUTOESTIMA

 

La autoimagen es la imagen o representación mental que se tiene de uno mismo. Se origina tanto de la auto-observación de las propias vivencias como de las valoraciones de los demás padres, familiares, profesores, amigos, etc…

Los padres tienen un gran peso en la construcción de la autoestima. Son el espejo donde el hijo se mira y se ve a sí mismo, los padres devuelven al niño una imagen con la que el hijo se identifica.

Winnicott en su trabajo “El rol especular de la madre en la familia y el desarrollo del niño”. Nos ofrece una descripción de cómo el bebé observa las cosas del entorno y entre ellas se topa con la cara de su madre. Winnicott se pregunta ¿Qué es lo que ve el bebé cuando mira la cara de su madre? Ve la cara de la madre, que le mira. Él se ve en la sonrisa de su madre o en el brillo de sus ojos. Describe la cara de la madre como precursora del espejo. Cuando el niño se mire en el espejo estará condicionado por aquello que vió cuando fijó su mirada en el rostro de su madre. Winnicott nos dice que si el rostro de la madre no ofrece respuesta, entonces, un espejo será un objeto para mirar y no para investigar “quien soy yo”.

Como decíamos al comienzo, las personas que forman parte del entorno contribuyen e influyen en la construcción de la auto-imagen o concepto de sí mismo. Si uno tiene un buen concepto de sí mismo, se acepta y se aprecia. Puede tener en cuenta sus capacidades y utilizarlas y también puede ser consciente de sus dificultades. Se pone objetivos posibles que puede lograr mediante el esfuerzo y logra sentir satisfacción.

Aunque, si esto, no es así, puede tratarse, a si mismo, con severidad y desprecio. Pueden aparecer exigencias no realistas, que conduzcan a recriminarse no alcanzar objetivos imposibles, quedándose atrapado en un círculo vicioso sin poder salir. En un círculo donde se confirma una y otra vez que uno no es válido y no da la talla.

La auto-estima dañada se manifiesta por una inseguridad en sí mismo, sentimientos de inferioridad, estado de ánimo decaído.

Se ha estudiado, que en general, hablamos con nosotros mismos constantemente a lo largo del día. Si este dialogo es negativo, va desencadenando emociones negativas.

Muchas personas tienen intensa necesidad de alabanza y aprobación, precisamente porque necesitan la prueba de que son dignas de ser amadas. Esto hace que dependan de los demás y haya una imposibilidad para depender de ellos mismos. Al mismo tiempo, el complejo de superioridad es un mecanismo inconsciente, en el cual, tratan de compensar los sentimientos de inferioridad, resaltando aquellas cualidades en las que sobresalen.

El niño que no recibe lo que necesita de  sus padres, siempre supone que no es digno de amor, en lugar de ver en los padres una deficiencia en sus capacidades. Esto se ha de resolver para no quedar encallado, sin poder tirar la vida adelante.

 

Cómo se resuelve?

 

Hace falta auto-observar cómo me trato? teniendo en cuenta la realidad. Qué es lo que me exijo, si realmente es posible o no. Que afirmaciones me hago? Si corresponden a mi realidad o no.

No se puede cambiar el mundo ni las personas, pero si se puede tomar la responsabilidad de cómo me siento. Modificando poco a poco  el dialogo interno negativo, la imagen de uno mismo y la falta de aserción en la comunicación, dará la oportunidad de desarrollar la seguridad en uno mismo.

Aceptar la responsabilidad de solucionar lo que me ocurre, implica descartar la idea, de que lo que me ocurre me fue provocado, que la culpa la tienen los demás y por tanto, me quedo pasivo y atrapado. Cuando uno no se ve como la fuente de sus problemas, si no que  considera que la culpa la tienen los otros, no se llega a reconocer la necesidad de auto-examen.

Cuando una persona tiene problemas de autoestima, se traduce en una gran cantidad de problemas en diversos ámbitos de su vida.

La vida es difícil, es necesario ser consciente de ello para enfrentarla realmente. Lo que hace la vida difícil es el hecho de que el proceso de afrontar y resolver problemas es un proceso penoso. Pero, los problemas fomentan nuestro ingenio, sólo a causa de los problemas, crecemos mentalmente.

Como tememos el fracaso, el dolor, la frustración, etc..  Se tiende a evitar los problemas, intentamos evitar el sufrimiento.

Cuando evitamos el malestar que resulta de afrontar problemas, nos privamos también de la posibilidad de sentir nuestras capacidades, nuestros recursos, nuestra posibilidad de crecimiento, de podernos felicitar. Cuantas veces dejamos de hacer algo porque nos consideramos incapaces de hacerlo, sin probarlo tan siquiera. Hace falta darse tiempo, darse la oportunidad.

La sensación de impotencia es el deseo de eludir el desasosiego de la libertad y por eso la negativa a aceptar la responsabilidad de sus problemas y de sus vidas.

La baja auto-estima se combate con una actitud valiente. La valentía es el remedio para combatirla. En lugar de que yo no puedo, yo fracasaré, etc..  Intentar enfrentarse a los problemas y soportar el malestar que conlleva.

 

NEUS GARCÍA GUERRA

Psicóloga Clínica y Psicoterapeuta

Barcelona