NAVIDAD. De la alegría a la tristeza.

Estaba tan bien! Y me puse fatal”.

 

Esto es algo que he escuchado con bastante frecuencia en mi consulta, después de las fiestas navideñas.

 

Se puede experimentar una elevación del estado de ánimo, un aumento de energía y de la actividad, con buen rendimiento físico y mental. Mayor sociabilidad y ganas de hablar.  O tener un estado de ánimo regular y vivir el día a día tranquilamente.

 

Llegan las navidades, y… sin saber a que es debido, se sufre un estado de ánimo bajo, se reduce la energía y hay una disminución de la actividad. La capacidad para interesarse y concentrarse se reduce y puede aparecer cansancio. La confianza en uno mismo se altera, pueden aparecer pensamientos de inutilidad y/o de auto-reproche, produciéndose baja autoestima. Se vive una pérdida de la capacidad para disfrutar en actividades que normalmente eran placenteras. Además, en una época del año, que parece obligatorio estar feliz y disfrutar, lo que aumenta el malestar que se pueda estar sufriendo.

 

Estas fechas conllevan reuniones familiares, tratar a personas, que a veces no ves en todo el año. Vivir dinámicas de relación familiar que hacen “revivir” aquellas emociones de la infancia que dejaron una marca. Se puede dar el hecho de volver a escuchar aquellas frases o aquellas actitudes, etc.

 

Si se reviven conflictos que no se han llegado a elaborar, que están pendientes de resolver. Vuelven a aflorar y, por tanto, también vuelven a afectar. Y eso, puede ser la causa de dicho estado de ánimo.

 

“Existe un conflicto pendiente de resolver “.

 

Será necesario aceptar la responsabilidad del problema para poder resolverlo. Lo que no sirve, lo que hará que siga pendiente de resolver, es la idea de que ese problema me fue provocado por otra persona y, por tanto, no me corresponde a mi.

 

“Realmente, el verdadero problema reside en culpar y responsabilizar a otra persona de lo que me ocurre a mi y no tratar el conflicto que tengo”.

 

Las reuniones familiares en las fiestas navideñas pueden favorecer que me dé más cuenta de lo que me ocurre, del problema que tengo. Si soy consciente, de que los problemas no desaparecen, por sí solos.

De que es necesario vivirlos y tratarlos, ya que sino permanecen y constituyen para siempre una barrera que se opone al desarrollo como persona y se manifiestan a través de síntomas.