Mobbing Laboral

Acosar, perseguir sin dar tregua ni reposo, importunar sin descanso, intimidar, acobardar, son algunas de las palabras que vienen a la mente cuando se piensa en el mobbing laboral.

El objetivo es conseguir que la persona deje el trabajo voluntariamente y para ello, “se le hará la vida imposible”. La técnica que se utiliza recuerda a la tortura de “la gota china”, a veces mal llamada “la gota malaya”, método de tortura psicológica. Consiste en inmovilizar a la persona, tumbada boca arriba, de modo que le cae sobre la frente una gota cada 5 segundos, el goteo repetido, acaba lesionando la piel e impidiendo que pueda dormir, debido al mismo goteo, lo que llega a provocar un estado de locura y la muerte. El acento se pone en persistir en el tiempo. Acciones que a través de la repetición buscan la desestabilización psíquica del trabajador.

Heinz Leymann, psicólogo alemán afincado en Estocolmo fue el primero en definir el mobbing laboral y sistematizó las diferentes acciones constitutivas de acoso:

  • Reducir las posibilidades de la víctima de comunicarse con otros.
  • Evitar que mantenga contactos sociales.
  • Desacreditar la reputación de la víctima.
  • Reducir la tarea a realizar.
  • Realizar actividades que afectan la salud física y psíquica.

La psiquiatra Marie France Hirigoyen lo define de la siguiente forma: “Conducta abusiva a través del gesto, la palabra, comportamiento o actitud, que atenta, por su repetición o sistematización, contra la dignidad o la integridad psíquica o física de una persona, poniendo en peligro su empleo y degradando el ambiente de trabajo”.

Como puede ser considerado delito, las acciones se ejercen camufladas en algo inofensivo, como puede ser “una gota de agua”.

Se intenta atacar y despreciar al trabajador en sus sentimientos, desacreditarlo profesionalmente, de forma que cada vez, queda más aislado.

La persona se va sintiendo insegura y eso favorece que se equivoque y tienda a culparse.

Se produce una afectación que deriva en trastornos del estado de ánimo, de ansiedad y/o psicosomáticos.

La humillación coloca al sujeto en una posición de inferioridad sostenida, que mina gravemente su autoestima.

El tratamiento psicológico se basa en hacer consciente el trauma. Se comienza por el reconocimiento del dolor sufrido y los hechos negativos acaecidos. A continuación, se podrá investigar a un nivel más profundo, su mundo interno y su patrón de conducta, para conocer, comprender y poder prevenir en el futuro.

Un aspecto especialmente importante es ocuparse de los sentimientos de culpa ligados a la experiencia vivida, todo lo relacionado con no haberse sentido capaz de afrontar.

Será necesario una comprensión plena de lo vivido y paralelamente mirar hacia delante, hacia el futuro laboral, rescatando los recursos y capacidades que la persona posee para afrontar nuevos objetivos con éxito.

Hace unos meses, me vino a ver un hombre que me informó del estado en el que se encontraba. “Estoy triste, me siento desamparado, no me veo capaz de enfrentarme a mi día a día. Ya no soy el que era, no tengo las capacidades, ni los recursos que me caracterizaban. No me encuentro bien físicamente, estoy cansado, duermo mal, tengo mal cuerpo y no paro de sufrir contracturas. Con todo esto que me pasa, estoy desanimado, no tengo interés por nada, no me apetece reunirme con amigos. No lo entiendo, siempre he sido muy sociable y ahora no tengo el más mínimo interés, tampoco entiendo que esté enfadado, de malhumor sin motivo. Estoy fatal, me siento desgraciado”.

Era evidente que sufría un trastorno del estado del ánimo, estaba deprimido y padecía manifestaciones psicosomáticas, las contracturas.

Mantuvimos varias entrevistas y fue en la tercera que se explayó explicando su situación en el trabajo. No era consciente de que estaba sufriendo mobbing. Estaba tan afectado que se sentía, según sus palabras, “un inútil y un fracasado”.