Terapia de pareja

Enamoramiento y amor:

La esencia del fenómeno de enamorarse es un repentino desmoronamiento de una parte de las fronteras del yo, lo cual permite que uno funda su identidad con la de otra persona. Una a una, poco a poco, las fronteras del yo vuelven a su lugar. De nuevo son dos individuos separados. La experiencia del enamoramiento es transitoria, pero no quiere decir que dejemos de amar a la persona de la que nos hemos enamorado. Realmente, cuando los miembros de la pareja dejan de estar enamorados, es cuando, puede comenzar el amor verdadero, experiencia de permanente extensión de la personalidad.

El que ama genuinamente percibe a la persona amada como alguien que posee una identidad separada. Lo que enriquece la unión es la individualidad separada de los miembros de la pareja. Los individuos que están asustados de su soledad y buscan fundirse con alguien en el matrimonio no pueden construir grandes matrimonios. El genuino amor no sólo respeta la individualidad, sino que tiende a cultivarla. La meta última de la vida es el crecimiento personal del individuo, esa peregrinación que únicamente se puede hacer en solitario. Los sacrificios hechos para fomentar el crecimiento del otro redundan en igual o mayor crecimiento de uno mismo.

Relaciones en la infancia:

Las relaciones del niño con sus padres tienen una influencia muy determinante en la configuración de su relación de pareja posterior.

Puede suceder que una persona, a causa de conflictos no superados en su desarrollo de los primeros años de vida, éstos le condicionen la relación de pareja.

Si el niño, en el trato con su familia, no pudo aprender cómo pueden superarse los conflictos de relación y éstos quedan asociados a la angustia, es comprensible que esperará del matrimonio la resolución de estos problemas, pero las expectativas no se cumplen muchas veces al caer, en la relación con la pareja, en las mismas dificultades en las que no encontró la solución con sus padres.

Los miembros están unidos por supuestos comunes fundamentales casi siempre inconscientes. Las ideas comunes y las fantasías inconscientes forman la base emocional de la mutua atracción y de la intensidad de su vinculación, pero también forman la base del conflicto de la pareja.

Colusión:

Las colusiones son normales en las relaciones, siempre y cuando no sean rígidas.

La complementariedad es el modelo relacionado más estable y más corriente. Actividad-pasividad; autonomía-dependencia; dominancia-sumisión; etc.. se expresan en las díadas en roles complementarios.

Las parejas que tienen problemas expresan frecuentemente comportamientos extremos y rígidos, sin que se de una alternancia de actitudes. El miembro progresivo de la pareja refuerza el comportamiento regresivo del otro y viceversa. Esta estrategia promueve en el primero, sentimientos de superioridad, control de sí y autoestima, permitiendo al mismo tiempo la negación de fantasías regresivas que son delegadas en el otro. 

El miembro regresivo, a su vez, busca la satisfacción de sus propias necesidades de dependencia y seguridad reprimiendo el comportamiento progresivo de su propia personalidad. Todo ello, se realiza sin ser conscientes de la dinámica que están alimentando entre los dos, por eso, cada uno es responsable en un 50% de dicha dinámica.

La conducta en la relación de pareja de un individuo está determinada por su historia personal, pero al manifestarse, la relación, se halla también determinada por la actitud potenciadora o amortiguadora de la pareja.

Se producen efectos fatales cuando una disposición desfavorable para el desarrollo recibe el impulso de una tendencia paralela de la pareja. Los miembros de las parejas con dificultades análogas se impulsan recíprocamente a un juego inconsciente, a una colusión.

El foco de la terapia:

Se centra en la dinámica relacional que se establece en la pareja. El terapeuta ayuda a cada miembro a observar aspectos propios proyectados en el otro, por lo que todo lo bueno recae en uno y todo lo malo en el otro. De esta manera se puede entender como los sentimientos quedan afectados por esta proyección.

Generalmente la conducta de cada miembro que forma la pareja puede desencadenar reacciones en el otro y éstas a su vez generar nuevas conductas que pueden entrar en un espiral de conflicto creciente sin salida aparente.

El terapeuta proporciona un espacio donde se facilita la interacción entre la pareja, se realiza un trabajo que hace saber a que son debidos los conflictos de la relación.

Lo que fomenta que cada miembro consiga auto-conocimiento y pueda saber cómo actúa en su relación. Así como, tener expectativas realistas con respecto al otro.

Y lo más importante, detectar la causa que motivó el conflicto, que acostumbra a ser compartido por la pareja y sin ser consciente.

Es un trabajo en el que debe existir un respeto hacia los dos miembros de la pareja. Los dos han de sentirse comprendidos por el terapeuta.

En la pareja existe un “acuerdo inconsciente que determina una relación complementaria en la cual cada uno desarrolla partes de uno mismo que el otro necesita y renuncia a partes que proyecta sobre el cónyuge”.

Cada uno elige un rol inconsciente que ejercerá y que determinará su manera de amar en esta relación. Lo que no tiene porque ser negativo.

El objetivo de una terapia de pareja es conseguir comprensión y modificar los conflictos inconscientes y las dinámicas relacionales que generan sufrimiento.

Es condición indispensable que cada miembro de la pareja tenga capacidad para observarse a sí mismo para comprender sus vivencias emocionales.